Recuerdos de Jodorowsky sobre Violeta Parra

Alejandro Jodorowsky escribe un prólogo en su libro: “El maestro y las magas” en el cual describe los recuerdos que tiene de Violeta Parra. La conoce en París durante su primer y segundo viaje a Europa. Violeta trabaja en la boîte de nuit “L´Escale” ubicada en la Rue Monsieur Le Prince en el barrio latino desde las diez de la noche hasta las cinco de la madrugada. Su sueldo es muy bajo y le alcanza solo para pagar un cuarto de hotel y cocinar platos típicos chilenos a sus seis mejores amigos de los cuales se incluye a Alejandro Jodorowsky lo cual está descrito en sus Décimas. Autobiografía en versos. 

 

Con tres billetes de a mil

y a mi cuarto clandestino

llevé donde mis amigos

mi primer sueldo de París;

brincan al verme lucir

los francos tan azulitos,

besaban los billetitos

que andaban de mano en mano

d´estos chilenos hermanos

flores de campo bendito.

 

Como lo manda la ley

en todo hay que hacer justicia

lo cumplo yo con delicia

y aquí voy nombrando a seis

arcángeles, como veis

me abrigan con su amistad,

me brindan conformidad

en ese mundo lejano

y al ofrecerme sus manos,

se aclara mi oscuridad.

Repito y vuelvo a decir,

cogollito de cilantro

para mi amigo Alejandro,

que me alentara en París

con una flor de alelí

y una amistosa sonrisa,

su mano fue una delicia

allá en esa vida ausente

ayer sembraste simiente

hoy florece y fructifican. 

 

Violeta graba en la casa discográfica “Le Chant du Monde” y en la Fonoteca Nacional del Museo del hombre sus recopilaciones folklóricas recogidas a lo largo de todo Chile. Estas recopilaciones folklóricas son interpretadas por mujeres y hombres del campo cuyas edades son muy avanzadas. Ellos le cantan a lo humano y a lo divino. 

Alejandro la cuestiona porque todos estos trabajos efectuados por Violeta no tienen retribución de dinero alguno. Pero Violeta, muy inteligente y sabia tiene la convicción de que estos trabajos, grabaciones e investigaciones permanecerán en el tiempo y serán objeto de estudio en el futuro y reflejarán la cultura tradicional chilena. 

-Pero Violeta, ¡Si no te dan un céntimo!, ¡Tienes que darte cuenta de que, en nombre de la cultura, te están estafando!

– No soy tonta sé que me explotan. Sin embargo lo hago con gusto: Francia es un museo. Conservarán para siempre estas canciones. Así habré salvado gran parte del folklore chileno. Para el bien de la música de mi país, no me importa trabajar gratis. Es más, me enorgullece. Las cosas sagradas deben existir fuera del poder del dinero. 

Alejandro afirma que le hizo caso y que nunca en su vida cobró por leer el tarot o dar consejos de psicomagia.

Se vuelven a encontrar durante su segundo viaje (1963) a Europa cuando Violeta es ya una artista conocida en Chile.  Violeta actúa junto a sus hijos en la fiesta del diario “L´Humanité” perteneciente al partido comunista francés. También graba un long play cuyo título es “Los Parra de Chillán”. Es allí cuando Violeta comienza a bordar y hace esculturas en alambre y greda. Por lo general trabaja con muy pocos materiales con lo que tenga a mano. 

Jodorowsky recuerda: “Paseándome con ella por las orillas del Sena, llegamos frente al Palacio del Louvre.

-¡Qué imponente museo!

-Calla- me contestó altiva-: el Louvre es un cementerio y nosotros estamos vivos. A mí que soy tan pequeña, ese enorme edificio no me asusta. Te prometo que pronto verás ahí dentro una exposición de mis obras…

Jodorowsky quedó muy sorprendido por lo que le dijo Violeta. Ella sabía en el fondo que lograría el año siguiente exponer en el Pabellón Marsan del Museo de Artes Decorativas del Museo del Louvre. Compró materiales de toda índole para ponerse a trabajar: bordar arpilleras, esculpir alambre y greda y, pintar con óleos y témpera. Violeta se trasformará en una artista plástica, al año siguiente (1964) expone en el Pabellón Marsan, del Museo de Artes Decorativas del Museo del Louvre sus óleos, arpilleras y esculturas. 

Su amigo aprendió de Violeta que si queremos llevar a cabo un proyecto debemos ser trabajadores y muy disciplinados:

“Esta increíble mujer me enseñó que si queremos algo con la totalidad de nuestro ser, acabamos lográndolo. Lo que parece imposible con paciencia y perseverancia se hace posible”. 

Estos recuerdos prueban que su amistad marcó la vida de Jodorowsky porque Violeta no era cualquier persona. Era una visionaria sin embargo muy sencilla y talentosa pero con un carácter muy fuerte. Él siempre la recordó con un profundo cariño y admiración. 

 

Bibliografía:

Parra Violeta, Décimas Autobiográficas, Editorial Sudamericana, Santiago de Chile, 1998.

Jodorowsy Alejandro, El maestro y las magas, Editorial Grijalbo, Santiago de Chile, 2005.