Museo Violeta Parra abre inscripciones para participar del Primer Encuentro de Prácticas Curatoriales

El lunes 4 de diciembre se reunirán 16 artistas, curadores e investigadores, quienes abordarán la oralidad, la autoría, la idea de nación y las escenas locales.

“Doce casos de prácticas curatoriales expuestas por doce investigadores visuales, moderados por cuatro sentidos editoriales”, es la propuesta del Primer Encuentro de Prácticas Curatoriales que se realizará el lunes 4 de diciembre entre las 10:00 y las 18:30 horas en la Sala Antar del Museo Violeta Parra.

A cien años del nacimiento de Violeta Parra se presenta la oportunidad de observar su trabajo en relación dialógica con expresiones artísticas contemporáneas, y desde aquí repensar los modos, técnicas, discursos y ambiciones que cruzan su investigación recopilatoria.

Reflexión desde la casa de Violeta

“El Museo Violeta Parra, que ya ha cumplido dos años de vida, ha sumado obras de diversos artistas, como Basco Vazko, Grace Weinrib y Pilar Quinteros en una línea curatorial que intenta  establecer un diálogo entre el legado de la artista y las expresiones contemporáneas. Violeta salió por pueblos y comarcas a recoger testimonios de la identidad profunda. Del mismo modo, el museo convoca, desde la relevancia de los 100 años, a importantes actores de la visualidad para reflexionar y dialogar, en la casa de Violeta, sobre las prácticas curatoriales, vinculándolas siempre con la investigación, la creación y la formación. El rol del museo no puede eludir la necesidad de este gesto. La curadora e investigadora Carolina Herrera ha sido fundamental para articular este primer encuentro”, afirma Cecilia García-Huidobro, Directora del Museo Violeta Parra y experta en patrimonio.

Carolina Herrera Águila, investigadora y coordinadora del encuentro, explica: “Esta propuesta tiene como núcleo de trabajo el espacio donde los límites de las investigaciones se desdibujan para localizarnos siempre en un entrelugar obligado e incómodo, en tensión constante. En este campo en disputa se encuentran nuestros investigadores visuales actuales, un territorio ideal para discutir sus diferentes prácticas investigativas, que en esta oportunidad estarán ordenadas en un programa que se presenta como un modelo para armar, proponiendo algunas entradas, lecturas posibles de doce casos de prácticas curatoriales”.

Cuatro grandes temas

El encuentro se estructurará en cuatro grandes mesas (líneas / entradas / lecturas). La primera será Ejercicios de reconocimiento: noción de nación, que contará con la participación de Mariairis Flores (“Arte y política: posibilidades para abordar el arte chileno”), Justo Pastor Mellado (“La presencia de Violeta Parra en el mural realizado por Julio Escámez en la farmacia Maluje de Concepción, en 1957”) y Daniela Berger (“Una breve excavación como un homenaje. Revisión de prácticas curatoriales con mujeres artistas”).

El segundo panel abordará Ejercicios de resistencia: performática y oralidad, con las exposiciones de Sebastián Valenzuela (“Correlatos de un cuerpo escenificado”), Claudio Guerrero (“Crítica de la razón curatorial o la curatoría como un juego de roles”) y Guillermo Machuca (“La crónica, aproximación a un modelo de artista”).

Por la tarde el encuentro seguirá con Ejercicios de propiedad: lo mío, lo tuyo, lo nuestro, con las experiencias de: Andrea Jösch (“Prácticas curatoriales colaborativas, una construcción necesaria”), Leslie Fernández (“Situándose en el territorio de Coliumo, CASAPOLI residencias 2010 – 2017”) y Alexia Tala (“LARA, itinerancia para la reflexión y el pensamiento crítico: interacción comunitaria, creación y experiencia en América Latina”).

La jornada finalizará con Ejercicios de lectura: el investigador como productor ideológico, con exposiciones de Ramón Castillo (“De cómo los asuntos de clase y nación se tejen entre la arpillera y el lino: una aproximación al Combate Naval de Iquique”), Sebastián Riffo (“La curaduría, una investigación en riesgo, que pone a prueba una hipótesis sólo buscando un conocimiento inesperado”) y Enrique Rivera (“La conversación entre artista y curador como espacio de revelación de signos, metáforas y calibraciones estéticas, donde lo abstracto deviene en tangible”).

Las mesas serán moderadas por Claudia Zaldívar, directora del Museo de la Solidaridad Salvador Allende; Florencia Loewenthal, directora de la Galería Gabriela Mistral; Beatriz Salinas, directora del Centro Nacional de Arte Contemporáneo – Cerrillos, y Varinia Brodsky, coordinadora del Área de Artes Visuales del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Lista de espera abierta 

Agradecemos el interés en participar de este encuentro. Ya completamos los cupos disponibles para la jornada, pero hemos abierto una lista de espera. Contactaremos a los interesados oportunamente, en caso de que se libere algún cupo. Cierre de inscripciones: viernes 1 de diciembre. 

 

 

 

 


42 obras de la colección del Museo Violeta Parra fueron declaradas Monumento Histórico

La iniciativa, que comprende 28 pinturas y 14 arpilleras realizadas por la artista, constituye el primer paso para que el legado de Violeta Parra se reconozca como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

 

El sábado 4 de noviembre se publicó en el Diario Oficial la declaratoria del Ministerio de Educación, que fue votada por unanimidad de los miembros del Consejo de Monumentos Nacionales el 15 de septiembre pasado. A contar de entonces las arpilleras y óleos de la colección del Museo Violeta Parra pasan a ser Monumento Nacional, en categoría de Monumento Histórico.

 

Cecilia García-Huidobro, Directora del Museo Violeta Parra y experta en patrimonio, señala: “La declaratoria dignifica la colección que alberga el museo y reconoce que sus cualidades únicas y excepcionales deben ser protegidas por el Estado de Chile. La condición de Monumento Histórico Nacional, el más alto nivel de protección que existe, suma un nuevo tesoro al valioso acervo del patrimonio chileno”.

 

Patrimonio de la humanidad

 

Violeta Parra comenzó a pintar y a bordar arpilleras  en 1958, recuperándose de una enfermedad, lo que desembocó en la exposición de óleos y arpilleras en las dos Ferias de Artes Plásticas del Parque Forestal. Seis años más tarde, la creadora expuso sus arpilleras, óleos y esculturas en el Museo del Louvre, convirtiéndose en la primera artista hispanoamericana en tener una exposición individual en ese lugar. La mayor parte de esas creaciones se exhiben, desde el 4 de octubre de 2015, en el Museo Violeta Parra.

 

El Diario Oficial indica también que “la declaración de esta serie de bienes, como monumento histórico, es importante para conservarla como colección, a la vez que existe la iniciativa de que se reconozca el legado de Violeta Parra como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad en el marco de la Convención de la Unesco de 2003”.

 

Los argumentos consignados por el Ministerio de Educación para esta declaratoria son: “1) Esta colección es la más importante existente en el mundo de la artista chilena, y da cuenta de su aporte al arte a nivel nacional e internacional, estando a disposición de toda la sociedad en el Museo Violeta Parra, que es de acceso libre. 2) La colección recoge los más destacados lenguajes plásticos desarrollados por Violeta Parra, principal referente de la música popular chilena. 3) Abarca el periodo creativo más importante en el que la artista desarrolló lenguajes plásticos bidimensionales. 4) Da cuenta de las influencias plásticas que tuvo la artista: por un lado, del arte popular chileno y, por otro, de las principales vanguardias artísticas del siglo XX; esferas creativas de las que Violeta Parra fue el nexo principal en Chile. 5) Las iconografías de la colección dan cuenta tanto de los intereses personales de Violeta Parra, como de las facetas de la identidad chilena, que gracias a la repercusión de la obra de la artista fueron conocidos y valorados a nivel internacional.  6) Este conjunto de arpilleras y pinturas son una muestra importante y significativa del gran y multifacético legado artístico de Violeta Parra, riqueza excepcional para Chile”.

 

El Museo Violeta Parra exhibe la obra visual de la artista en Avenida Vicuña Mackenna 37 de martes a viernes de 9:30 a 18:00 horas y de 11:00 a 18:00 los fines de semana. La entrada es liberada.

 


Museo Violeta Parra celebra Día del Artesano con inauguración de mural en crin "De Artesana a Artesana”

En el Día del Artesano, el Museo Violeta Parra recibió a la Agrupación de Artesanas de Rari, quienes realizaron el mural en crin “Homenaje a Violeta Parra. De Artesana a Artesana”, obra realizada para rendir tributo a la destacada artista chilena en sus 100 años, en el marco del programa Chile Celebra del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

La obra de dos metros de ancho por dos de alto es el primer trabajo colectivo que realizan las artesanas, quienes fueron declaradas Tesoros Humanos Vivos (2010). En este proyecto trabajaron 20 cultoras las que, en tres turnos diarios, dieron vida a esta creación que reúne más de tres mil piezas de entre uno a cinco centímetros.

La actividad contó con la participación de Claudia Pascual, Ministra de la Mujer y la Equidad de Género; Ana Tironi, Subdirectora de Cultura;  Mariana Deisler, Directora Regional de Cultura del Maule; y Cecilia García-Huidobro, Directora del Museo Violeta Parra.

La obra estará en exhibición hasta fines de noviembre en el Museo Violeta Parra, ubicado en Avenida Vicuña Mackenna 37. La entrada es liberada.


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Héctor Pavez presentó “Cuecas regionales en vivo”

En el marco del Ciclo de Cuecas del Museo Violeta Parra, el “gitano” Pavez interpretó -junto a los músicos Inti González y Alejandro Rivera- una selección de cuecas de distintas regiones del país.  Con este repertorio el hijo de Héctor Pavez y Gabriela Pizarro ofreció un viaje musical por la geografía de Chile, junto a bailarines caracterizados.


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Daniel Viglietti: "Yo considero que es imposible interpretar a Violeta"

El reconocido cantautor uruguayo recorrió el Museo Violeta Parra el jueves 12 de octubre en compañía de Lourdes Villafaña y Roberto Stirling. Esa tarde el conductor de los programas de radio  “Tímpano” y “Párpado” se reunió con Isabel Parra y Tita Parra. Hoy compartimos la conversación que sostuvimos con el artista que nos dejó a los 78 años, el 30 de octubre de 2017, en Montevideo.

 

—¿Qué le pareció el Museo Violeta Parra?
—Me está pareciendo, porque esto es como un relámpago, como una iluminación, que lleva su tiempo fijar, porque trae resplandores de otras épocas, de gente que yo conocí, bueno, empezando por la propia Violeta; pero también de todo el contexto de una cierta etapa de su vida, también en lo personal de mis experiencias en Chile y… la maravilla de su obra, la obra auditiva por supuesto que la tengo registrada en mi memoria y está en los cajones de mis archivos y en mis programas de radio. Siempre está viva, siempre presente. Pero la obra plástica no de esa manera, entonces eso es muy emocionante ¿no? Es muy fuerte y está concebido dentro de una estructura coloquial, es un museo coloquial, a diferencia de esas cosas enormes y desbordadas, a mí me gusta mucho la dimensión de este museo y sé que hay un esfuerzo acá enorme que han tenido sus hijos, mis queridos amigos Isabel y Ángel, ahora se nos ha ido Ángel y me duele profundamente, hablaba hace un rato de él con Isabel, sé que han trabajado, que ha sido incesante, sé que los apoyos no fueron fáciles para obtenerse porque así es el camino de la cultura, ¿no? Es un camino escarpado, a veces semi olvidado por los poderes, pero afortunadamente me entero de que ha habido apoyo, que esto ha sido resuelto medio la presencia de la Presidenta Bachelet, entre otras situaciones que imagino, y eso, bueno, reconforta. Yo en un pequeño acto de homenaje que hicimos hace poco en Montevideo junto al poeta Jorge Montealegre, cuando hablé de Violeta también dije del sacrificio que ella tuvo que hacer para lograr hacer su trabajo, su propio sendero, desarrollar sus condiciones, su trabajo de recolección que es fantástico, y que es tan importante como el de autora, como el de artista plástica, es un trabajo formidable. Y bueno, todo eso lo definí diciendo sacrificio, esfuerzo, todo y también agregué una frase que no es gratuita, que yo creo que tiene sentido y es que “nadie es Violeta en su tierra”, eso se reproduce en muchos países frente a valores culturales, artistas que demoran en ser reconocidos, ¿verdad? Por aquello de ser profeta en su tierra. El reconocimiento ha llegado, podría decirse que las cosas tardan y tardan mucho, pero llegan. Y eso me reconforta, mirando hacia delante me reconforta cuando veo niños que vienen a descubrir a esta mujer fantástica. Yo ahora la estoy definiendo siempre, he logrado un formula que me siento cómodo para definirla, y yo digo que ella es “la única violeta que nació de una parra”.

Isabel Parra y Daniel Viglietti en el Teatro Nescafé de las Artes (octubre de 2017).

 

 

 

 

—¿Cómo describiría a Violeta en la vida cotidiana? ¿Recuerda alguna situación?
—Recuerdo cuando yo llegué a Chile, yo llegué con, quien era en ese momento mi pareja, una cantante de ópera y de cámara, Nelly Pacheco, reconocida cantante uruguaya y un coro de cámara.  Yo había oído rumores de que los hijos de esa Violeta, a la cual yo conocía algunos discos pequeños que habían llegado, probablemente de Europa. Supe que los hijos habían cantado una canción mía, y que había habido un intento de censura, y ellos habían resistido con mucha dignidad en un canal en Chile. Entonces yo quería agradecerles eso y  también quería conocerlos, y por supuesto conocer a Violeta. Así fue que terminado el festival de coros de Viña del Mar nos fuimos presurosos a la calle Carmen 340, la peña de los hijos y estaba justo en ese momento Violeta, quien nos recibió muy cálidamente, estaba tomando una sopa, en una mesa, ahí solita. Yo  recuerdo que me estuvo preguntando sobre lo que yo hacía, muy curiosa, muy… con un humor muy medido, pero muy simpático y también con observaciones que hizo sobre el género de la canción, del tiempo…a mí se me borraron, uno era muy joven, y no se daba quizás cuenta cabalmente de que estaba hablando con una sabia. Se puede escribir con “v” también, savia por lo de los árboles, por todo lo que ella nutrió a la cultura. Pero bueno, sé que fueron cosas dignas de ser escuchadas y luego tomé contacto con sus hijos, y luego nos cruzamos muchas veces. Recuerdo una vez que estábamos frente a la casa de Ángel, donde yo viví, fui huésped de Ángel, que fue muy generoso conmigo, como también lo fue Patricio Manns en su momento; pero en particular Ángel nos recibió en la casa y estábamos una vez en la puerta ahí en Los Leones 1278, y de repente vino alguien por detrás y me tapó los ojos y era Violeta, y me dijo: “Daniel, Daniel, este disco que me has dado” -porque yo le había regalado un disco en la época de los discos LP, un disco que yo había hecho con un poeta uruguayo Juan Capagorry, un disco sobre los oficios del campo-  entonces ella tuvo esa manera de con humor de agradecerme el disco, de hablarme del disco ahí en la puerta de la casa de Ángel. Y después tengo otro recuerdo: cuando digo Ángel también digo Marta Orrego, que era su compañera, la madre de los niños, de Ángel hijo y Javiera, los dos músicos, que eran niños, nadie podía adivinar. O sea las primeras veces que estuve en la casa de Ángel ellos no habían llegado al mundo todavía este, así que quizás en esta secuencia no están los niños. Fue una especie de reunión, parecía una reunión de fin de año, una pre navidad, algo así. Entonces en el patio de Los Leones,  en el fondo que había un gran árbol, muy frondoso, se habían puesto unas mesas lejos del árbol, el árbol había quedado como al fondo. Y entonces ahí se reunió Ángel, Marta, Isabel, su familia, el compañero de esa época de Isabel. Y en esa reunión de pronto llegó Violeta. Había un camarero, seguramente habían alquilado un poco de comida ahí, el camarero la servía y tenía un guante blanco y me quedó grabado como ella miró todo eso y se alejó y se fue con los chiquillos “vengan chiquillos”, como le dicen acá, y se fue bajo el árbol frondoso, allá, a jugar con ellos, un poco como no sumándose a todo aquello. Por razones difíciles de precisar, pero me llamó la atención. Y luego cuando ya terminaba la reunión se acercó, alguien le pidió por qué no cantaba y estaba un poquito arisca para cantar, hasta que fuimos adelante de la casa, en la entradita, y entonces, sí, vino una guitarra y empezó ella a cantar una cueca que empezó a cantarla Isabel y Violeta hacía ese ritmo que se hace aquí en chile, con los nudillos típico de la cueca, yo no lo sé hacer, algo así ¿verdad? Y se formó ahí un lindo clima, y ahí como de una manera un poco aparte de la fiesta oficial ella cantó. Y después recuerdo haber estado en una feria, quizás tú me puedas ayudar porque era una feria cerca del aeropuerto, era una feria industrial muy grande.

 

—La FISA
Eso, exactamente, y FISA ¿qué quiere decir?

 

—Feria Internacional de Santiago
Feria Internacional de Santiago. Entonces, Ángel, cuya casa como dije yo estaba viviendo, me llevó allí, y allí estaba Violeta, y Violeta cantó, estuvo muy presente, estaba Hilda también, una de sus hermanas. Yo también pude cantar allí y después como recuerdo de la última vez que la veo, que es justamente en la Carpa de La Reina,  donde ella va a elegir terminar sus días, y a esa carpa vamos con Ángel y quería plantearle algo a la mamá y me dijo “vamos, Daniel, que así conoces la carpa”, una carpa grande al estilo circense ¿verdad? Y estaba también otra vez con el fogón, y bueno, en la Peña los Parra estaba con una taza de caldo, pero aquí estaba con el fogón típico, calentando agua. Habló mucho con Ángel, yo recorrí el lugar, sin tener noción de que ya no iba a poder volver a verla, esto debe haber sido en el 66,  fines del 66. Y bueno, cuando luego me entero de lejos de la muerte de Violeta fue un impacto muy grande, y duro, y me llamaron del semanario Marcha, un semanario importante del Uruguay, cultural, político. Me llamó Carlos Quijano, y me dijo si yo podía escribir algo sobre Violeta, puesto que sabía que yo había estado en Chile y que la había conocido. Ese fue mi primer artículo para Marcha. Después de esto recibo una invitación para ir a Cuba, todo se liga, y cuando voy al encuentro de la canción protesta, en julio de 1967, en un momento dado yo estaba allí y me entero de que Ángel e Isabel vienen vía México, que era un viaje bastante complicado, porque fichaban mucho a la gente los órganos de represivos, de control. Ir a Cuba en ese momento era un delito. Nosotros, la mayor parte de los músicos uruguayos, argentinos y otros chilenos habíamos ido por la vía de Praga.  Era  el viaje más normal digamos, porque el otro tenía complicaciones. Ellos de todas maneras vinieron vía México, coincidieron con la llegada de quien era en ese momento mi compañera, Myriam. Yo fui a esperarla y ella bajó con Ángel e Isabel, y nos dimos el abrazo, digamos, el primer abrazo sin Violeta. Ahí les transmití mi pesar por lo que había pasado que había ocurrido el 5 de febrero del 67 hasta esa llegada de ellos en julio del mismo año. Esa fue la última señal cercana a la partida de Violeta.  La he cantado, la he grabado en discos como “Canto Libre”, que le acabo de dar a aquí al museo, como el disco “Canciones chuecas” y las versiones que yo he hecho son las versiones completas de “Me gustan los estudiantes” que ella nunca llego a grabar, a saber, que estuviera en un lugar muy adecuado como para hacerse ahora uno la pregunta, pero tengo entendido que nunca la grabó, y hubo alguna mano complicada que retuvo esa canción, que la demoró en editar, que no concretó que pudiera grabarla Violeta y algo que me queda oscuro ahí, que sería bueno averiguar. La grabó su hijo Ángel, yo partí de la versión de Ángel, estrictamente de esa versión grabada por él decía yo, creo que se llama “demo”. Después Ángel va a fundar el sello de la Peña de los Parra, y también grabé “Qué dirá el Santo Padre” en el disco “Canciones chuecas”. En “Canto libre” (año 69-70) grabé, o sea después de la muerte de Violeta, pero fue una de las primeras grabaciones de artistas fuera de Chile, sus canciones sobre Violeta, grabé como te dije “Me gustan los estudiantes” y “Mazúrquica Modérnica” e hice una versión que trabajé con percusión y con ciertas modulaciones tonales que después retomó Serrat, él utilizó el mismo esquema que yo, en cambios armónicos, y después en “Canciones Chuecas” decidí grabar “Qué dirá el Santo Padre” con voz y guitarra, también en versión libre ¿no? Yo considero que es imposible interpretar a Violeta y que son todos esfuerzos de cariño y necesarios de hacerlos, pero que no pueden nunca, ni de cerca, ser equivalentes a las versiones directas de Violeta. Diría que de nadie, son intransferibles. Todos los que nos aproximamos, desde hijos, parientes, nietos y amigos hacemos ese esfuerzo que yo me imagino con gran amor y respeto, pero son versiones insustituibles las de la propia Violeta. Esta que, como te dije antes, a mí me gusta llamar como “la única violeta que nació de una parra”.

 

Ángel Parra y Daniel Viglietti.
Ángel Parra y Daniel Viglietti.

 

 

 

—¿Qué figura sería importante de reconocer por su aporte en la difusión del legado de Violeta?
—Bueno, ha habido muchas voces que se han ido sumando, por ejemplo, en Uruguay hay una versión también de Dino, que fue un cantante que viene un poco del área del rock. Y se han multiplicado las versiones. Después vinieron los homenajes, los discos enteros, lo que hizo más tarde Mercedes Sosa. Yo supongo que hay toda una colección posible, pero hay un hecho que si quiero destacar que es importante y tiene que ver directamente con Chile, y es que el eminente compositor, musicólogo, docente que ha sido, acabamos de perderlo ahora el 8 de octubre una fecha tan notoria por otras razones, que es Coriún Aharonian, este musicólogo, compositor e investigador en un momento. Fue gran admirador y estudioso de la obra de Violeta. Él me alertó sobre el enorme valor del “Gavilán” como obra creativa. Y por otra parte en Chile el empujó, impulsó mucho a través de la figura de un editor uruguayo que se instaló en Chile hace muchos años, el editor de discos Alfonso Carbone, lo impulsó mucho en que se concretara en la Warner, la colección que después salió, entiendo que con todo el acuerdo familiar, de discos de Violeta. Entonces yo quiero destacar que Coriún Aharonian jugó un rol muy importante y con todo su alumnado, porque por él pasaron músicos como puede ser Jorge Lazaroff, Leo Maslíah, Rubén Olivera, Mauricio Ubal, Fernando Cabrera, muchos músicos continuamente pidiéndole consejos, Jorge Drexler, Jaime Roos. Coriún fue un eminente formador y yo sé que, vamos a decirlo con un poquito de gracia, entre los pétalos de su enseñanza inolvidable, siempre había un pétalo de Violeta.

 

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"Violeta Parra: después de vivir un siglo" Columna de Cecilia García-Huidobro en diario El País

A veces sí tiene que pasar un siglo para entrar, definitivamente, al panteón de los inmortales. La celebración de los 100 años de Violeta Parra ha desbordado las escuelas, las instituciones, los medios de comunicación, la academia, las expresiones artísticas y miles de agrupaciones comunitarias. El país entero la ha homenajeado auténticamente, con una intensidad pocas veces vista. ¿Por qué una figura y no otra logra penetrar de manera tan profunda en el imaginario de las personas? ¿Puede un Gobierno crear una leyenda a partir de su propio deseo?

Violeta Parra, en su tiempo, fue reconocida rápidamente por el pueblo quien, desde los mercados, las plazas y calles la ungió como catalizadora de su identidad. No se necesitó un decreto ni una campaña comunicacional para calar hondo en el sentir popular. Tampoco se demoró la élite ilustrada en deslumbrarse con su genialidad expresiva; inclasificable por la versatilidad de su torrente artístico. Fue en el mundo institucional donde no ocupó el lugar anhelado.

Nacida en la pobreza rural del sur de Chile, en una época de pocas oportunidades, fue un ejemplo de emprendimiento. Solo con tesón obstinado y con la certeza de su propio destino llegó a lo más alto, constituyéndose en un pilar de América, conocida y valorada en el mundo entero. El epíteto folklorista con que se la ha clasificado durante mucho tiempo ha dado paso al de artista, abordando toda su complejidad y riqueza.

Partió escuchando, mirando, recopilando. Ese acto de mirar al otro la distingue de otros artistas, puesto que domeñó su voz creativa para que permeara en ella la sabiduría acumulada desde siglos, en una cantora rural, un guitarrero de pueblo, una costumbre campesina o un olvidado payador. No es casual que el acto de ver al otro haya culminado con la creación de Últimas composiciones, como una suerte de canto del cisne que entrega su joya final. Es en la madurez cuando aquilata y fusiona legado con creación, entregando un monumento poético y musical inigualable.

Su fuente de conocimiento fue el pueblo de Chile. Cuando le preguntaron con qué arte de los que practicaba se quedaría, respondió que ella elegiría quedarse con la gente. Y es a esa gente la que vio como depositaria de sus obras. En el campo chileno fija la mirada esencial. La flora es mínima, las mariposas pequeñas, la lluvia larga, el piso de tierra. Todo es modesto y es esa sencillez la que pone en valor porque es el marco de lo amado. Su extraordinaria capacidad de moverse en todos los mundos y situaciones se la dio ese mundo original. Aquello que se vio con desdén, como pobre e insignificante, le despertó la lucidez para sumergirse en la condición humana, trascendiendo tiempo y espacio. Se adentró en el Chile profundo que habló, y habla, por ella, iluminando aquello que estaba oculto.

Una enfermedad que la dejó postrada algunos meses la impulsa a bordar con unas lanas que tenía a la mano el cubrecamas de su hija. Nuevamente, se expresa con lo mínimo, con lo que la tierra o lo cotidiano le entrega. Sin diseño, ni dibujo previo y menos correcciones la obra apareció solo al estirar el lienzo. Así nacieron las arpilleras que llegaron a mostrarse en el Palais du Louvre. Bullían en su interior las palabras, las imágenes, los sonidos, los colores pero siempre en conexión con el territorio y su gente. Sin embargo, el costo de esta tarea fue inmenso, puesto que tuvo que poner su cuerpo y alma como prenda.

Sus hijos Ángel e Isabel Parra cautelaron su obra por décadas, con el anhelo de construir un museo en su memoria. Los 100 años llegaron con la casa de Violeta lista. Las palabras que más se repiten en el libro de sugerencias y comentarios del museo son gratitud y emoción. Es que la fuerza de su mensaje no pasa por el intelecto; se va directo al corazón.

Desde los balcones del Palacio de La Moneda se asomaron los músicos ante un público multitudinario que cantó ante miles de personas congregadas, incluyendo a la presidenta Michelle Bachelet. Al otro día, Bono de U2 entonó en el Estadio Nacional Gracias a la vida, deseándole un feliz cumpleaños. El país entero corea todavía “que viva tu nacimiento/bello botón de rosal/ Por la voluntad del cielo/ ¡qué vivas cien años más!”.


Cecilia García-Huidobro
 es experta en patrimonio y Directora del Museo Violeta Parra

Leer columna en sitio del diario El País 


Conjunto de Madrigalistas de la U. de Playa Ancha rindió homenaje a Violeta Parra en Sala Antar

Violeta Parra, cantautora, pintora, escultora, bordadora y ceramista chilena, su obra es considerada un referente en la música latinoamericana, divulgadora de la música de los sectores campesinos. Su discurso social, existencial y su canto al amor abarcan lo más profundo y la esencia del ser que eleva su creación con el impacto que genera su poesía. Su trabajo ha inspirado a movimientos sociales, así como a otros creadores obteniendo un reconocimiento internacional. Se presentaron en este concierto, algunas de sus más destacadas obras,  a través de una adaptación coral, realizadas por el compositor chileno Leonardo Gatica Ojeda e interpretadas por el Conjunto de Madrigalistas de la Universidad de Playa Ancha.

 

La agrupación se presentó el domingo 29 de octubre en la Sala Antar del Museo Violeta Parra.

 

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The League of Guitarists se presentó en Sala Antar del Museo Violeta Parra

The League of Guitarists incluye a músicos de todas partes del mundo. El grupo utiliza guitarras acústicas en la Afinación Guitar Craft, la cual extiende el rango sónico de la afinación tradicional de la guitarra. Su repertorio evoluciona constantemente y está abierto a todos los estilos. La música permanece siempre fiel a un enfoque conceptual común, e incluye una rica variedad de composiciones originales. Una destacada y característica parte del repertorio son las composiciones grupales improvisadas y/o escritas conocidas como circulaciones.

La agrupación se presentó el domingo 28 de octubre en la Sala Antar del Museo Violeta Parra.

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Museo Violeta Parra inauguró altar de muertos en recuerdo de Violeta y Ángel Parra

El martes 24 de octubre al mediodía el Museo Violeta Parra inauguró un altar de muertos en honor a Violeta Parra (1917-1967) y a su hijo Ángel Parra (1943-2017). Esta actividad fue organizada, por segundo año consecutivo, en conjunto con la Embajada de México.

La inauguración contó con la participación de Cecilia García-Huidobro, Directora del Museo Violeta Parra; Rubén Beltrán, Embajador de México en Chile; Ángel Cabeza, director de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM) y Andrés Pascoe, encargado de Publicaciones, Comunicación e Información y Cultura de la Oficina de la UNESCO en Santiago.

"Violeta Parra tenía una profunda vocación latinoamericana, por lo que relevar una fiesta como el Día de los Muertos de México de raigambre popular y declarada Patrimonio de la Humanidad , está en completa sintonía con su espíritu", señaló Cecilia García-Huidobro, Directora del Museo Violeta Parra.

Las presentaciones culturales estuvieron a cargo del coro de niños del segundo básico de la Escuela México de la comuna de Santiago y del conjunto de mariachis Cal y Canto.

El altar de muertos estará en exhibición en la entrada de la Sala Antar desde el martes 24 de octubre hasta el domingo 29. La entrada al Museo Violeta Parra, y a todas sus actividades, es liberada.


Patrimonio Cultural Inmaterial 
de la Humanidad

“El Día de Muertos en la cosmovisión indígena implica el retorno transitorio de las ánimas de los difuntos, quienes regresan a casa, al mundo de los vivos, para convivir con los familiares y para nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares puestos en sus honor. Su origen se ubica en el sincretismo entre la celebración de los rituales religiosos católicos traídos por los españoles y la conmemoración del día de muertos que los indígenas realizaban desde los tiempos prehispánicos. La celebración del Día de Muertos se lleva a cabo entre finales de octubre y los primeros días de noviembre, si bien popularmente se asocia principalmente a los días 1 y 2 de noviembre”, explica el sitio web de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Las festividades indígenas de celebración del Día de Muertos forman parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

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