Daniel Viglietti: “Yo considero que es imposible interpretar a Violeta”

31 octubre, 2017

El reconocido cantautor uruguayo recorrió el Museo Violeta Parra el jueves 12 de octubre en compañía de Lourdes Villafaña y Roberto Stirling. Esa tarde el conductor de los programas de radio  “Tímpano” y “Párpado” se reunió con Isabel Parra y Tita Parra. Hoy compartimos la conversación que sostuvimos con el artista que nos dejó a los 78 años, el 30 de octubre de 2017, en Montevideo.

 

—¿Qué le pareció el Museo Violeta Parra?
—Me está pareciendo, porque esto es como un relámpago, como una iluminación, que lleva su tiempo fijar, porque trae resplandores de otras épocas, de gente que yo conocí, bueno, empezando por la propia Violeta; pero también de todo el contexto de una cierta etapa de su vida, también en lo personal de mis experiencias en Chile y… la maravilla de su obra, la obra auditiva por supuesto que la tengo registrada en mi memoria y está en los cajones de mis archivos y en mis programas de radio. Siempre está viva, siempre presente. Pero la obra plástica no de esa manera, entonces eso es muy emocionante ¿no? Es muy fuerte y está concebido dentro de una estructura coloquial, es un museo coloquial, a diferencia de esas cosas enormes y desbordadas, a mí me gusta mucho la dimensión de este museo y sé que hay un esfuerzo acá enorme que han tenido sus hijos, mis queridos amigos Isabel y Ángel, ahora se nos ha ido Ángel y me duele profundamente, hablaba hace un rato de él con Isabel, sé que han trabajado, que ha sido incesante, sé que los apoyos no fueron fáciles para obtenerse porque así es el camino de la cultura, ¿no? Es un camino escarpado, a veces semi olvidado por los poderes, pero afortunadamente me entero de que ha habido apoyo, que esto ha sido resuelto medio la presencia de la Presidenta Bachelet, entre otras situaciones que imagino, y eso, bueno, reconforta. Yo en un pequeño acto de homenaje que hicimos hace poco en Montevideo junto al poeta Jorge Montealegre, cuando hablé de Violeta también dije del sacrificio que ella tuvo que hacer para lograr hacer su trabajo, su propio sendero, desarrollar sus condiciones, su trabajo de recolección que es fantástico, y que es tan importante como el de autora, como el de artista plástica, es un trabajo formidable. Y bueno, todo eso lo definí diciendo sacrificio, esfuerzo, todo y también agregué una frase que no es gratuita, que yo creo que tiene sentido y es que “nadie es Violeta en su tierra”, eso se reproduce en muchos países frente a valores culturales, artistas que demoran en ser reconocidos, ¿verdad? Por aquello de ser profeta en su tierra. El reconocimiento ha llegado, podría decirse que las cosas tardan y tardan mucho, pero llegan. Y eso me reconforta, mirando hacia delante me reconforta cuando veo niños que vienen a descubrir a esta mujer fantástica. Yo ahora la estoy definiendo siempre, he logrado un formula que me siento cómodo para definirla, y yo digo que ella es “la única violeta que nació de una parra”.

Isabel Parra y Daniel Viglietti en el Teatro Nescafé de las Artes (octubre de 2017).

 

 

 

 

—¿Cómo describiría a Violeta en la vida cotidiana? ¿Recuerda alguna situación?
—Recuerdo cuando yo llegué a Chile, yo llegué con, quien era en ese momento mi pareja, una cantante de ópera y de cámara, Nelly Pacheco, reconocida cantante uruguaya y un coro de cámara.  Yo había oído rumores de que los hijos de esa Violeta, a la cual yo conocía algunos discos pequeños que habían llegado, probablemente de Europa. Supe que los hijos habían cantado una canción mía, y que había habido un intento de censura, y ellos habían resistido con mucha dignidad en un canal en Chile. Entonces yo quería agradecerles eso y  también quería conocerlos, y por supuesto conocer a Violeta. Así fue que terminado el festival de coros de Viña del Mar nos fuimos presurosos a la calle Carmen 340, la peña de los hijos y estaba justo en ese momento Violeta, quien nos recibió muy cálidamente, estaba tomando una sopa, en una mesa, ahí solita. Yo  recuerdo que me estuvo preguntando sobre lo que yo hacía, muy curiosa, muy… con un humor muy medido, pero muy simpático y también con observaciones que hizo sobre el género de la canción, del tiempo…a mí se me borraron, uno era muy joven, y no se daba quizás cuenta cabalmente de que estaba hablando con una sabia. Se puede escribir con “v” también, savia por lo de los árboles, por todo lo que ella nutrió a la cultura. Pero bueno, sé que fueron cosas dignas de ser escuchadas y luego tomé contacto con sus hijos, y luego nos cruzamos muchas veces. Recuerdo una vez que estábamos frente a la casa de Ángel, donde yo viví, fui huésped de Ángel, que fue muy generoso conmigo, como también lo fue Patricio Manns en su momento; pero en particular Ángel nos recibió en la casa y estábamos una vez en la puerta ahí en Los Leones 1278, y de repente vino alguien por detrás y me tapó los ojos y era Violeta, y me dijo: “Daniel, Daniel, este disco que me has dado” -porque yo le había regalado un disco en la época de los discos LP, un disco que yo había hecho con un poeta uruguayo Juan Capagorry, un disco sobre los oficios del campo-  entonces ella tuvo esa manera de con humor de agradecerme el disco, de hablarme del disco ahí en la puerta de la casa de Ángel. Y después tengo otro recuerdo: cuando digo Ángel también digo Marta Orrego, que era su compañera, la madre de los niños, de Ángel hijo y Javiera, los dos músicos, que eran niños, nadie podía adivinar. O sea las primeras veces que estuve en la casa de Ángel ellos no habían llegado al mundo todavía este, así que quizás en esta secuencia no están los niños. Fue una especie de reunión, parecía una reunión de fin de año, una pre navidad, algo así. Entonces en el patio de Los Leones,  en el fondo que había un gran árbol, muy frondoso, se habían puesto unas mesas lejos del árbol, el árbol había quedado como al fondo. Y entonces ahí se reunió Ángel, Marta, Isabel, su familia, el compañero de esa época de Isabel. Y en esa reunión de pronto llegó Violeta. Había un camarero, seguramente habían alquilado un poco de comida ahí, el camarero la servía y tenía un guante blanco y me quedó grabado como ella miró todo eso y se alejó y se fue con los chiquillos “vengan chiquillos”, como le dicen acá, y se fue bajo el árbol frondoso, allá, a jugar con ellos, un poco como no sumándose a todo aquello. Por razones difíciles de precisar, pero me llamó la atención. Y luego cuando ya terminaba la reunión se acercó, alguien le pidió por qué no cantaba y estaba un poquito arisca para cantar, hasta que fuimos adelante de la casa, en la entradita, y entonces, sí, vino una guitarra y empezó ella a cantar una cueca que empezó a cantarla Isabel y Violeta hacía ese ritmo que se hace aquí en chile, con los nudillos típico de la cueca, yo no lo sé hacer, algo así ¿verdad? Y se formó ahí un lindo clima, y ahí como de una manera un poco aparte de la fiesta oficial ella cantó. Y después recuerdo haber estado en una feria, quizás tú me puedas ayudar porque era una feria cerca del aeropuerto, era una feria industrial muy grande.

 

—La FISA
Eso, exactamente, y FISA ¿qué quiere decir?

 

—Feria Internacional de Santiago
Feria Internacional de Santiago. Entonces, Ángel, cuya casa como dije yo estaba viviendo, me llevó allí, y allí estaba Violeta, y Violeta cantó, estuvo muy presente, estaba Hilda también, una de sus hermanas. Yo también pude cantar allí y después como recuerdo de la última vez que la veo, que es justamente en la Carpa de La Reina,  donde ella va a elegir terminar sus días, y a esa carpa vamos con Ángel y quería plantearle algo a la mamá y me dijo “vamos, Daniel, que así conoces la carpa”, una carpa grande al estilo circense ¿verdad? Y estaba también otra vez con el fogón, y bueno, en la Peña los Parra estaba con una taza de caldo, pero aquí estaba con el fogón típico, calentando agua. Habló mucho con Ángel, yo recorrí el lugar, sin tener noción de que ya no iba a poder volver a verla, esto debe haber sido en el 66,  fines del 66. Y bueno, cuando luego me entero de lejos de la muerte de Violeta fue un impacto muy grande, y duro, y me llamaron del semanario Marcha, un semanario importante del Uruguay, cultural, político. Me llamó Carlos Quijano, y me dijo si yo podía escribir algo sobre Violeta, puesto que sabía que yo había estado en Chile y que la había conocido. Ese fue mi primer artículo para Marcha. Después de esto recibo una invitación para ir a Cuba, todo se liga, y cuando voy al encuentro de la canción protesta, en julio de 1967, en un momento dado yo estaba allí y me entero de que Ángel e Isabel vienen vía México, que era un viaje bastante complicado, porque fichaban mucho a la gente los órganos de represivos, de control. Ir a Cuba en ese momento era un delito. Nosotros, la mayor parte de los músicos uruguayos, argentinos y otros chilenos habíamos ido por la vía de Praga.  Era  el viaje más normal digamos, porque el otro tenía complicaciones. Ellos de todas maneras vinieron vía México, coincidieron con la llegada de quien era en ese momento mi compañera, Myriam. Yo fui a esperarla y ella bajó con Ángel e Isabel, y nos dimos el abrazo, digamos, el primer abrazo sin Violeta. Ahí les transmití mi pesar por lo que había pasado que había ocurrido el 5 de febrero del 67 hasta esa llegada de ellos en julio del mismo año. Esa fue la última señal cercana a la partida de Violeta.  La he cantado, la he grabado en discos como “Canto Libre”, que le acabo de dar a aquí al museo, como el disco “Canciones chuecas” y las versiones que yo he hecho son las versiones completas de “Me gustan los estudiantes” que ella nunca llego a grabar, a saber, que estuviera en un lugar muy adecuado como para hacerse ahora uno la pregunta, pero tengo entendido que nunca la grabó, y hubo alguna mano complicada que retuvo esa canción, que la demoró en editar, que no concretó que pudiera grabarla Violeta y algo que me queda oscuro ahí, que sería bueno averiguar. La grabó su hijo Ángel, yo partí de la versión de Ángel, estrictamente de esa versión grabada por él decía yo, creo que se llama “demo”. Después Ángel va a fundar el sello de la Peña de los Parra, y también grabé “Qué dirá el Santo Padre” en el disco “Canciones chuecas”. En “Canto libre” (año 69-70) grabé, o sea después de la muerte de Violeta, pero fue una de las primeras grabaciones de artistas fuera de Chile, sus canciones sobre Violeta, grabé como te dije “Me gustan los estudiantes” y “Mazúrquica Modérnica” e hice una versión que trabajé con percusión y con ciertas modulaciones tonales que después retomó Serrat, él utilizó el mismo esquema que yo, en cambios armónicos, y después en “Canciones Chuecas” decidí grabar “Qué dirá el Santo Padre” con voz y guitarra, también en versión libre ¿no? Yo considero que es imposible interpretar a Violeta y que son todos esfuerzos de cariño y necesarios de hacerlos, pero que no pueden nunca, ni de cerca, ser equivalentes a las versiones directas de Violeta. Diría que de nadie, son intransferibles. Todos los que nos aproximamos, desde hijos, parientes, nietos y amigos hacemos ese esfuerzo que yo me imagino con gran amor y respeto, pero son versiones insustituibles las de la propia Violeta. Esta que, como te dije antes, a mí me gusta llamar como “la única violeta que nació de una parra”.

 

Ángel Parra y Daniel Viglietti.

Ángel Parra y Daniel Viglietti.

 

 

 

—¿Qué figura sería importante de reconocer por su aporte en la difusión del legado de Violeta?
—Bueno, ha habido muchas voces que se han ido sumando, por ejemplo, en Uruguay hay una versión también de Dino, que fue un cantante que viene un poco del área del rock. Y se han multiplicado las versiones. Después vinieron los homenajes, los discos enteros, lo que hizo más tarde Mercedes Sosa. Yo supongo que hay toda una colección posible, pero hay un hecho que si quiero destacar que es importante y tiene que ver directamente con Chile, y es que el eminente compositor, musicólogo, docente que ha sido, acabamos de perderlo ahora el 8 de octubre una fecha tan notoria por otras razones, que es Coriún Aharonian, este musicólogo, compositor e investigador en un momento. Fue gran admirador y estudioso de la obra de Violeta. Él me alertó sobre el enorme valor del “Gavilán” como obra creativa. Y por otra parte en Chile el empujó, impulsó mucho a través de la figura de un editor uruguayo que se instaló en Chile hace muchos años, el editor de discos Alfonso Carbone, lo impulsó mucho en que se concretara en la Warner, la colección que después salió, entiendo que con todo el acuerdo familiar, de discos de Violeta. Entonces yo quiero destacar que Coriún Aharonian jugó un rol muy importante y con todo su alumnado, porque por él pasaron músicos como puede ser Jorge Lazaroff, Leo Maslíah, Rubén Olivera, Mauricio Ubal, Fernando Cabrera, muchos músicos continuamente pidiéndole consejos, Jorge Drexler, Jaime Roos. Coriún fue un eminente formador y yo sé que, vamos a decirlo con un poquito de gracia, entre los pétalos de su enseñanza inolvidable, siempre había un pétalo de Violeta.

 

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