Columna de Ignacio Sánchez, rector de la UC: “Violeta Parra, cien años de cultura”

16 Febrero, 2017

Este año se celebran los cien años del natalicio de Violeta Parra, figura trascendental de nuestra identidad y cultura, y es por esto que la Revista Universitaria de nuestra Universidad le dedica un número especial. La construcción de una comunidad nacional tiene hitos, momentos y personajes que van delineando un imaginario que, en afortunadas ocasiones encuentra un camino capaz de llegar a ese océano creativo que llamamos cultura popular.

 

El mundo académico, cada vez más, se está sumergiendo en la búsqueda de un sentido de vida colectivo. La cultura oficial y la popular, separadas por décadas en nuestro país, se han reencontrado y cada vez ocupa más espacio aquella que viene de las raíces, ahora reconocida como riqueza material e inmaterial que nos aporta sabiduría y pertenencia.

 

Inquieta como era ella, viajera constante, siempre curiosa al asomarse a los rincones de nuestro país o a las artes y culturas de patrias hermanas o lejanas, ahora sigue viajando, “patiperreando”, por un mundo que, para ella, no tiene fronteras.

 

Violeta se sumergió en las raíces más profundas de lo chileno e indagó en los valores universales y su modo de emerger en nuestros campos y ciudades. Y hasta que no hagamos el mismo viaje, mientras no conozcamos todo su itinerario, no vamos a ser capaces de dimensionar cómo fue que ella -hasta qué grado, además de Madre de la Nueva Canción Chilena- supo ser la hija más atenta de estas tierras que ella caminó sin descanso, que fueron partes de su ser e inspiración de sus creaciones, las mismas que ahora nos conectan con nuestro Chile profundo.

 

Violeta Parra, tan sólida y tan seria, nos abre una puerta que es portal de trascendencia. Responsable como artista, capaz de sentir y resentir los dolores de un pueblo que sentía suyo, fuerte en la crítica y la denuncia, con ancestral sabiduría entregó lo suyo en una época intensa de la historia nacional, llamando a la transformación, pero no a la violencia, mensaje que por desgracia no supimos acoger. Su ejemplo sigue siendo un modelo ético: el de asumir las realidades con lucidez e intensidad, con rigor para aprender a crear una sociedad más fraterna, sin caer en las visiones fáciles y coloridas de los espejismos que ofrecen oasis en el desierto ahí donde no los hay.

 

Violeta caminó por rincones pedregosos, sorteando barriales, recorriendo senderos, hasta llegar a lugares donde cantoras o cantores, sabios populares, seguían transmitiendo un modo más sabio y pacífico, más justo y sustentable, de ser y estar en el mundo. De allá volvió, a las ciudades y al presente, para entregarnos, con su canto propio y actual, una enorme riqueza que desconocíamos en nuestro país. Ella aún nos canta y nos entrega su mirada de la cultura de nuestro país. Ella sigue viva entre nosotros.

 

Columna publicada en La Segunda el miércoles 15 de febrero de 2017
Imagen: Archivo de la Fundación Violeta Parra