La historia de la fotografía de Violeta y su tapiz

8 abril, 2016

  • La imagen fue captada en 1960 en la Feria de Artes Plásticas del Parque Forestal.

El fotógrafo chileno Marcelo Montealegre es el autor de la instantánea donde se aprecia a una sonriente Violeta Parra frente a uno de sus tapices. Se trata de la misma imagen que adorna, entre otros, la fachada de nuestro museo e invita a la ciudadanía a conocer su obra.

Ésta es una de las tres fotografías que hizo de la artista cuando en 1960 mostraba sus obras en la Feria de Artes Plásticas del Parque Forestal. Hoy es el propio autor quien cuenta la historia de ese retrato.

Según relató a la periodista Patricia Peña en la ciudad de Nueva York, las imágenes fueron captadas en el marco de su trabajo para la revista “La Voz”, del Arzobispado, cuando daba sus primeros pasos en la fotografía.

“Tomé sólo tres fotos a Violeta. No la conocía. Vi el nombre Parra y me sonó a algo por Nicanor. Le pregunté y me dijo que era hermana. Me contó que había estado en Europa y que en realidad era folclorista, pero que en la feria estaba mostrando sus tapices. Ahí fue cuando le tomé fotos”, dice Montealegre, hoy en Nueva York.

“Era impresionantemente accesible. Posó muy alegre. El rato que estuve conversando con ella, que debe haber sido una media hora, se acercaron personas y las atendió muy bien, con mucho entusiasmo”, cuenta.

Pero ese no fue el único acercamiento a Violeta Parra y su obra. Muchos años después, cuando ya estaba instalado en la Gran Manzana, recibió una particular visita en el loft donde vivía, que funcionaba además como taller-oficina.

Lo describe como un “señor de unos 50 años o más, de cabello gris y cierta madurez”. Él llega y, de la nada, le dice que tiene una serie de cosas que Violeta Parra le dejó en París y que no puede quedarse por estar ad portas de volver a Chile.

“No sé qué hacer con estas cosas, no las puedo guardar, así que se las voy a dejar a usted”, le comenta a Montealegre, quien se niega rotundamente y le pregunta qué podría hacer él con todos esos objetos. “No sé. Usted conoce tanta gente que de repente va a aparecer uno de los hijos de Violeta y usted se los entrega”, responde el desconocido, cuyo presagio se haría realidad más adelante.

Montealegre volvió a negarse pero ya era muy tarde. Estaban descargando las cosas desde una camioneta. “En eso veo que empiezan a entrar una cantidad enorme de cuadros, rollos, paquetes y yo tratando de decirles que no”, relata.

“Hasta luego. Usted se hará cargo, usted verá”, fueron las últimas palabras del visitantes, a quien jamás volvió a ver. “Nunca supe quién era este señor”.

“Yo conté por lo menos 30 cuadros, arpilleras, tapices de la Violeta y dos cuadernos donde ella tenía escrito muchas décimas y unas cartas para su hijo. Yo leí las décimas, las cartas por supuesto que no”, manifiesta Montealegre.

Pasaron un par de meses y se cumplió lo anticipado: Ángel Parra, hijo de Violeta, tocaba su puerta y se enteraba rápidamente de lo ocurrido, aunque sin tener idea alguna de la identidad de la persona en posesión de los objetos.

“Le dije que se llevara las cosas porque eran suyas, de ellos, y se emocionó mucho leyendo una carta que le había escrito la Violeta, pero que había escrito sin la intención de mandársela pues estaba dentro de un cuaderno. Se emocionó mucho. Dijo que no se entendía muy bien con la Violeta y que ahí se daba cuenta que la Violeta adoraba a su hijo”, cuenta.

Finalmente, fue Ángel Parra quien se llevó los valiosos objetos que Violeta, dada su naturaleza generosa, había regalado al todavía desconocido poseedor las obras.

Mientras, la imagen de Violeta Parra obtenida por Montealegre continúa recibiendo a los miles de visitantes que llegan a conocer su obra al museo. Esto fue posible luego que el Museo Violeta Parra se contactara con el autor, quien no tuvo inconvenientes en prestar la imagen para ser utilizada por la institución para diversos fines.